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LUXURY

Colección PANTHERE de Cartier

El lujo se vuelve arte


Septiembre 27, 2014.


En 1914, Cartier crea su primer motivo de manchas de pantera en un reloj de pulsera. Su pavé blanco y negro de diamantes y ónix, abstracción inspirada en la naturaleza, inaugura el moteado en la joyería y prefigura los contrastes del estilo Art déco que está por llegar. Ese mismo año, Louis Cartier encarga al ilustrador y pintor francés George Barbier una Dama con pantera. La acuarela, utilizada en primer lugar para un cartel de exposición, se retoma posteriormente en la publicidad de la Maison. Una mujer pantera empieza a dibujarse... ¿Quién es? ¿Una predadora, una amazona, un misterio, un fantasma, una musa, mitad mujer mitad felino? Lo que se sabe de ella es que se distingue, reivindica su independencia, su libertad, la única capaz de marcar su existencia de una feminidad salvaje y bella. Para Cartier, la primera se llama Jeanne Toussaint, colaboradora y musa de Louis Cartier. Una mujer original, creativa y exigente. Musa inventiva que se acerca paso a paso al felino, revelando su pelaje en la joyería, impresión de motivos tachistas, antes de darle plenamente cuerpo y vida. Directora de creación de la Alta Joyería Cartier en 1933, está rodeada, según las grandes clientas, de un aura indiscutible en materia de estilo, prodigando el famoso gusto Toussaint





Jeanne Toussaint marca el paso y otras la seguirán. Una dinastía de estrellas inaugurada por la duquesa de Windsor, cuando Cartier diseña para ella en 1948 una pantera de diamantes moteada de ónix sobre un cabujón de esmeralda de 116,74 quilates. Barbara Hutton, la princesa Nina Aga Khan, Daisy Fellowes y María Félix, apodada la pantera mexicana, perpetuarán la leyenda: mujeres fatales, mujeres felinas y grandes clientas de la Maison bajo los focos de la actualidad y cuyas joyas están a la altura de tan resplandeciente presencia. De esta seducción magnética, donde Cartier cristaliza la sensualidad, nace la magia joyera de la pantera Cartier. En casi un siglo ¡siempre ha sorprendido! Presente donde no se la espera, revolucionaria y militante de un estilo sin límites. En el cruce entre las influencias barrocas y anatómicas, minimalistas y estructuralistas: una pantera de su tiempo, más incisiva que nunca, cuyas formas evolucionan con el surgimiento de nuevos savoir-faire, de actitudes inexploradas, de materiales inéditos. 









Porque deja huella con su presencia, sus apariciones firman instantáneamente un estilo. La pantera Cartier 2014 vuelve a destacar por su presencia extraordinaria y moderna. Nada más que ella, y el hechizo entra en acción. Figurativa, gráfica, juguetona, dulce, salvaje, lasciva, feroz o cinética: multiplica las sorpresas, fiel a su aura de audacia y sofisticación joyera. Cincuenta y seis piezas, para una colección donde la heroína reina como felino absoluto. Magnífica, en sortija vanités, como una radiografía de ella misma esqueletizada de oro... Devastadora, cuando lanza su puño de elegancia desatada, de una falange de la mano a otra... Op art, en su versión literalmente celular... Ya no hay cuerpo, ni hocico, solo un motivo joyero de diamantes y de manchas de ónix para un brazalete tribal. Joyas de un gran savoir-faire que extraen su vitalidad creativa de la energía de la fiera totémica de Cartier. 


Del dibujo a la joyería


La realización de una pantera supone una visión en tres dimensiones, un enfoque escultórico y anatómico del cuerpo que supera lo ornamental. En una pantera, todo se analiza y se detalla: el espacio entre el hocico y los ojos, la curva que rodea el ojo, la mejilla abombada pero no demasiado para no acotar el ojo. Los ojos, sus proporciones y su implantación determinan el carácter de una pantera. Las orejas no deben estar ni demasiado erguidas ni demasiado bajas, con pavé por fuera y pulidas por dentro. Las patas, empezando por los detalles de cada dedo, según si está rodeado de un filete, un trazo grabado o un pavé, son fruto de una larga elaboración. Las manchas contribuyen a determinar el volumen, acentuándolo o disminuyéndolo en favor de un juego. Más gruesas en las partes prominentes del animal como el lomo, más pequeñas en los flancos hasta desaparecer totalmente en el vientre blanco. Su disposición puede parecer aleatoria, sin embargo, responde a un orden preciso que tiene especialmente en cuenta la distancia entre cada una de ellas y el número de diamantes que las separa. Desplazar una significa desplazarlas todas. De formas poligonales, triangulares o romboides, las manchas marcan el ritmo, respetan la musculatura del animal y también permiten crear una impresión de perspectiva según estén en primer plano o se alarguen en un segundo plano, dando así la impresión de huida, de un animal en movimiento, de adelante hacia atrás. 








Primero, un artesano grabador esculpe el animal en un bloque de cera verde. Esta libertad en el trabajo de la materia permite al escultor plasmar todavía mejor la sutileza o la potencia de un movimiento del animal. De hecho, un dibujo, por muy perfecto que sea, solo posibilita la visión plana, y por ende parcial, del objeto. Por su parte, el modelado en forma de escultura de cera moldeada y trazada en el metal permite conservar el dominio técnico y estético. Una cera gracias a la cual el joyero puede estudiar el juego de las piedras entre ellas, ¿qué colores ensamblar?, ¿qué eco descubrir entre ellas?, ¿en qué ángulo de la piedra? Esta cera con la que el joyero realiza un molde de metal, puede engastarse posteriormente con miles de piedras que se incrustarán modelando los músculos, las patas y la cabeza con brillantes. Tradicionalmente, las piedras empleadas evolucionan del zafiro a los diamantes y el ónix para emular el pelaje, las esmeraldas o los granates para los ojos. Las manos expertas del lapidario tallan estas manchas a mano, una a una. Cada mancha puede representar hasta una hora de trabajo. Cada una es irregular para proporcionar más movimiento y más vida al felino.  Captada en todas sus actitudes, se abalanza, ruge, salta, se yergue... cuando no alardea de su orgulloso pelaje de brillantes, interpretación magistral del engaste de manchas llamado «poil» (pelo), cuyo secreto de fabricación Cartier domina a la perfección. Un engaste especialmente adaptado al tema de la pantera, ya que la piedra está cercada con minúsculos hilos de oro que se doblan sobre ella para reproducir el pelaje del animal. Un engaste inimitable con una mise à jour en nido de abeja, un pavé escultura y decorados de ónix o de cabujones de zafiro. El arte del engaste consiste en dar al pavé, en volumen, un aspecto continuo que realce, que exalte sin aplastarlo, cada aspecto del animal... El metal se borra, el movimiento permanece. Para dar al animal su forma definitiva, el joyero ensambla posteriormente sus múltiples articulaciones. Estas distintas operaciones (escultura, fundición, empedrado, engaste, montaje del animal articulado) requieren más de un año de trabajo en el caso de algunas piezas. 


Todas las piezas están a la venta en Cartier México. Fotos de Tania y Vincent con derechos reservados de Cartier.











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